800 años de predicación

Iv�n de Santiago Gonz�lez 
POR IVÁN DE SANTIAGO GONZALEZ
Abogado y escritor.
-  Grafólogo.
-  Presidente de la Sociedad Asturiana de Grafología.
-  Profesor de la Escuela de Práctica Jurídica y del Máster en Abogacía de la Universidad de Oviedo.
-  Autor de cinco novelas publicadas y ganador de varios premios de relato.

 

 

 

          Hace solamente ocho siglos que se fundó la Orden de los Predicadores. Quizá ustedes la conozcan mejor por la de los

Dominicos, bajo la batuta inicial de Santo Domingo de Guzmán. Hace ochocientos años que estos frailes llegan a medio mundo y enseñan el Evangelio. Pero no solamente eso. También matemáticas o lengua. También filosofía o historia.

            Les confieso que tengo debilidad. Son catorce años en las aulas del colegio de Oviedo, así que no me pueden pedir que sea objetivo. Me viene la lagrimina al párpado cada vez que pienso las muchas horas que pasé en esas clases. Y ahora, que conmemoran ocho siglos, pues más que nunca.

            Y lo hacen, en nuestra ciudad, en la que ya son una institución (baste ver que al barrio se le llama Santo Domingo) apoyando una preciosa iniciativa de la que ya nos hemos hecho eco en estas páginas: que ningún niño vaya al cole sin desayunar.

            Lo podían ustedes leer en las páginas de EL COMERCIO del pasado domingo. Los frailes (junto con la Dirección del  Centro)  han decidido vaciar toda la parte baja del centro, apretujarse en las plantas superiores (son menos, también es cierto, pues yo conocí casi 25 allá por los años setenta) y allí, en lugar de pensar en alquilarlo a alguien (también tienen necesidades, y me consta por su Prior que para cambiar el tejado del edificio las pasaron canutas) organizar desayunos para niños, actividades o albergue para quienes lo necesiten. Deciden hacer aquello en lo que creen, y aquello que llevan haciendo ocho siglos: ayudar a los demás.

            Vivimos tiempos difíciles en los que muchas cosas convergen. Quizá nadie pensase que en el Ca Beleño y en el colegio de los Dominicos iba a poder haber algo en común, pero las cosas buenas y las actuaciones desinteresadas no tienen ideología ni color alguno. Y los frailes no han dudado en celebrar su onomástica dejando una huella más en el barrio, una huella nueva en esta ciudad que ya identifica un barrio entero con su colegio, que tiene miles de alumnos desperdigados por toda Vetusta, por toda Asturias, por gran parte de España. Aquel por el que pasamos tantos y seguimos reconociendo como nuestra casa. Esos patios donde crecimos a base de caernos, donde aprendimos a base de levantarnos, donde estudiamos e intentamos evitarlo, donde nos enseñaron y nos dejamos. Ese centro que, para los niños que éramos, fue todo nuestro mundo y que ahora lo es para otros.

            Ese colegio en el que ahora habrá mucho más. Donde podrá uno acudir si necesita comer, o incluso alojarse. Donde podrán organizarse actividades o reuniones, o planificar juntos qué podemos aportar a la gente del barrio, de la ciudad, o de donde vengan, que no creo que a nadie se le pida el pasaporte para darle una comida caliente o una manta.

            No se me ocurre mejor forma de celebrar una fecha tan señalada. Dejando prueba de que están ahí y que se van a quedar entre nosotros, al menos, otros ochocientos, haciendo lo que saben: predicar, enseñar, ayudar y compartir.

            Tienen mi admiración y mi ayuda. El que quiera aportar, ya sabe donde encontrarles.