Luz verde de Roma a Práxedes Fernández, "la santa de Mieres"



El Papa Francisco acaba de autorizar la publicación del decreto de la Santa Sede en el que se reconocen la "virtudes heroicas" de la asturiana, Práxedes Fernández García, considerada desde su fallecimiento como "la santa de Mieres". La vaticana Congregación para las Causas de los Santos reconoce así que esta mujer, muy vinculada a los Dominicos de las Cuencas, vivió las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad en "grado heroico", lo que la convierte en "venerable", el paso previo a su subida a los altares mediante la beatificación, que la Santa Sede aprobará cuando se reconozca que un milagro por su intercesión.

Práxedes Fernández García nació el 21 de julio de 1886 en Puente la Luisa, en la población de Sueros de Seana, concejo de Mieres. Una placa en la parroquia de Seana recuerda la fecha de su bautismo. Era hija, hermana y madre de mineros, y, antes de casarse, quiso ingresar en la vida religiosa, meta que no alcanzó por la enfermedad de su padre. No obstante, fue catequista, directiva de las Hijas de María terciaria dominica (rama laica de los Dominicos). En 1914 se casó con Gabriel Fernández, electricista de Valdecuna. Tuvieron cuatro hijos y el último de ellos nació poco antes de que su padre falleciese en un accidente ferroviario. Práxedes Fernández comienza entonces a trabajar como empleada del hogar para varias familias.

Años más tarde, un tren arroyó la furgoneta que conducía su segundo hijo, que también falleció. Sin embargo, su hijo Enrique ingresó en la Orden de Predicadores y durante su formación como dominico recibió 47 cartas de su madre, unos documentos que han sido determinantes en el proceso de santidad. Tras la Revolución de 1934 se establece en Oviedo y es parroquiana de Santa María la Real de la Corte. Iniciada la guerra civil y el "cerco" de Oviedo, Práxedes Fernández sufre un ataque de apendicitis del que no pudo ser operada. A las seis y media de la tarde del 6 de octubre de 1936 murió.

Su fama de santidad se extendió rápidamente, incluso fuera de Asturias y de España. El número de publicaciones sobre su vida fue inmenso en aquellos años. Había sido lectora de Santa Teresa, había tenido experiencias místicas y se había sacrificado por las necesidades de cuantos acudían a ella. En 1953, Teodoro Labrador, arzobispo dominico de Foochow (China), celebró en la parroquia de San Juan Bautista de Mieres una misa en su memoria a la que asistieron dos millares de fieles. En 1957 se inició su causa de beatificación, que acaba de dar un paso crucial.