Nuestro Templo

Iglesia de Nuestra Señora del Rosario (actualmente de Sto. Domingo).

Antes de habitar esta zona en el antiguo camino de San Pedro de Mestallón, los primeros dominicos habitaron extramuros de la ciudad, en la calle Noceda. La fundación se realiza el 23 de junio de 1518 con el nombre de Convento de Nuestra Señora del Rosario. Sólo más tarde, en 1519, y no sin la oposición, adquirieron de los benedictinos los terrenos en los que está actualmente emplazado el convento, también extramuros. Del primitivo convento sólo quedan el claustro, en unas condiciones lamentables y algunos restos de muros en diversas partes próximas a la cabecera de la iglesia y la primitiva entrada incluida dentro del atrio de la iglesia.

 

La Iglesia.

Es obra del arquitecto Juan de Cerecedo (también arquitecto de la catedral durante un tiempo). La construcción de la iglesia se llevó a cabo hacia la mitad del siglo XVI. Una fecha – 1572 - sobre la puerta que da a la Sacristía nos indica la fecha de terminación de la obra de la cabecera.
La traza arquitectónica original se conserva prácticamente íntegra, aunque con el añadido de un pórtico monumental y la capilla del Rosario en la parte izquierda de la nave.

El pórtico.

Es obra del arquitecto Manuel Reguera y fue realizada siguiendo los planos de uno de los más importantes arquitectos españoles del siglo XVIII: Ventura Rodríguez. Destaca por su intento de monumentalidad muy austera. Cuatro grandes pilastras soportan un arquitrabe quebrado, con metopas y triglifos; el pórtico está cerrado en lo alto por una balaustrada. Entre estas grandes pilastras de orden toscano se abren tres arcos, siendo de mayor anchura y más elevado el central que da acceso al atrio. La finalidad de esta nueva fachada era proteger la antigua entrada a la iglesia de estilo plateresco obra de Cerecedo, con una decoración, conservada aún, de hornacinas (hoy vacías), ángeles y símbolos marianos. Dentro de este atrio, a la derecha, quedó integrada la primitiva entrada del convento.
La iglesia.

La construcción de Reguera enmascara el verdadero carácter del templo, de un estilo muy diferente. Obra de Juan de Cerecedo, pese a las fechas en que fue construida (primera mitad del siglo XVI), es aún de estilo gótico mendicante –aunque con algunos detalles renacentistas -, muy austera en la planta y prácticamente ausente la decoración, salvo en la parte alta de las pilastras del crucero en las que vemos alusiones a Adán, a Eva y a la muerte, y a Job tentado por el diablo y por su mujer.
La iglesia es de una sola nave con cinco tramos cubiertos con bóvedas de tracerías simples (menos en el espacio que cubre el crucero) con capillas entre los contrafuertes. Los ventanales que se abren en la parte alta crean un espacio interior muy luminoso. Desde todos los puntos es perfectamente visible la cabecera de la iglesia.


Las capillas.
 

Son cuatro en cada lado de la nave más dos situadas en los extremos de la epístola y el del evangelio en el crucero.
 

Destacan los del lado izquierdo de la nave donde encontramos junto a la entrada y bajo el coro, la capilla dedicada a San José, con un retablo neoclásico en el que destaca un cuadro mediocre que representa Los Desposorios de la Virgen (1798) debido al pintor ovetense Francisco Reiter que se retrata en él. La siguiente capilla es la del Nazareno, en la que se venera la imagen de la cofradía del siglo XVII que lleva su nombre. La capilla del Rosario es un cuerpo añadido a la iglesia hacia 1722. Se trata de un espacio cuadrangular cubierto con una cúpula. El retablo barroco, que conserva detrás el camarín, es obra de Manuel Pedredo Vigil y realizado en 1730, y las tablas (1733), con los misterios del retablo y la gran tabla que lo culmina con la figura de Santo Domingo recibiendo el rosario, es obra del ovetense Ignacio Abarca Valdés.

Las capillas del lado derecho carecen de interés, salvo el Cristo crucificado que se encuentra a la entrada, de autor desconocido, pero, al parecer, tiene una cierta influencia del gótico de origen alemán.


La obra más importante es el retablo mayor realizado a principios de la segunda mitad del siglo XVIII, obra de José Bernardo de la Meana y realizado entre 1758 y 1762. Sobre las cuatro grandes columnas lisas cubiertas por guirnaldas y trofeos (alusiones a la batalla de Lepanto) se colocó un gran frontón partido, que cubre una hornacina con las figuras de Santo Domingo y San Francisco. En la parte alta La imagen de la Virgen del Rosario, titular del templo flanqueada por dos ángeles. Cuatro medallones con misterios del rosario cuelgan en la calles laterales. En la parte baja, en el centro se eleva el expositor cubierto con una cúpula.