¿Porqué los Dominicos?

La parroquia de Santo Domingo de Oviedo surge, cuando tras el impulso que el Concilio Vaticano II da a la parroquia en la vida de la Iglesia, se crean nuevas parroquias y se ofrecen a comunidades que con solvencia puedan realizar la pastoral parroquial, aunque no fuese esa actividad pastoral lo singular de su carisma original. Los dominicos, tienen como nombre propio de su orden el de Frailes Predicadores. Son ciertamente itinerantes, llevan la predicación de la Palabra de un lugar a otro. Pero hacerse cargo de una parroquia da un sentido peculiar a su predicación. La parroquia permite insertarse más y mejor en el barrio en el que ya existía la comunidad, le abre posibilidades mayores para la pastoral sacramental, les introduce de manera más explícita en los proyectos pastorales de la diócesis. Ellos, a su vez, otorgarán un carácter propio a la parroquia, de acuerdo con lo que el Vaticano II señaló respecto a las parroquias que se conceden a comunidades de religiosos: “han de tener en cuenta el carácter propio del instituto y permanecer fieles a laobservancia de la Regla y a la obediencia de sus superiores. Los propios obispos han de insistir en esta obligación”.

En concreto que la parroquia esté llevada por una comunidad de dominicos permite impulsar ante todo, el carácter de comunidad que ha de tener toda parroquia. Los dominicos viven en comunidad. Deben ser expertos en comunidad, de acuerdo con su carisma y tradición. La comunidad conventual ha de favorecer que la parroquia que tiene a cargosea auténtica comunidad cristiana. El objeto de una parroquia es crear y consolidar una comunidad parroquial (SC 42). Comunidad formada por sensibilidades espirituales distintas, sin necesidad de homogeneizarlas, sino uniéndolas como comunión de espiritualidades: Legión de María, Orden Seglar Dominicana, Cáritas, Acción Verapaz...

Una comunidad de dominicos recoge la tradición que se remota a la Edad Media de cuidar las celebraciones comunitarias. El estilo conventual de esas celebraciones se acomoda desde su sentido comunitario a las celebraciones parroquiales. Celebración del sacramento del altar, la Eucaristía, a la que los frailes predicadores unen el sacramento de la Palabra, la de Dios y la suya propia para ayudar a esa comprensión de la Palabra de Dios y a ponerla en práctica. El fraile predicador está acostumbrado a preparar la celebración y la predicación. Sabe que lo inportante en los actos litúrgicos es el cuidado en su preparación. Él asume la resposabilidad de ayudar a que los fieles se vean envueltos en los misterios que celebran, y participen de modo activo.
Para ello es necesario dar amplio espacio en la parroquia a la formación. En concreto a la formación teológica, base de la litúrgica También a la formación que ha de ayudar a entusiarmarse con nuestra fe y vivirla en la familia, en la sociedad. El fraile dominico sabe que el estudio es parte esencial de su vocación y de su misión. La formación en la fe de los fieles ha de ser consecuenci del compromiso del fraile con el estudio de la Palabra de Dios y de la atención crítica al mundo que le rodea. La formación no se puede reducir a la catequesis de niños y adolescentes, ha de llegar a los adultos. De manera especial a los que asumen responsabilidades en el funcionamiento de la parroquia, catequistas, lectores, responsables de grupos parroquiales o de asociaciones religiosas que funcionan en la parroquia.

La mirada al mundo desde la contemplación de la Palabra de Dios, propia del dominico, ha de
Historia descansar de manera especial en los necesitados. No existe verdad sin caridad, nos ha reccordado el Papa. No existe comunidad cristiana, tampoco parroquial, sin ser sensibles a los desfavorecidos o excluidos, emigrantes, parados, enfermos... La opción por no centrarse en la propiedad de los bienes que exige el consejo evangélico de la pobreza del fraile, le lleva a sentirse interpelado ante el hecho de que a algunos les falta lo necesario para una vida digna, mientras que otros parecen “poner su corazón en las riquezas”. No se trata sólo de ayudar al necesitado, sino también de repensar el lugar que ocupa en la vida de los fieles el apego al tener.

No se puede reducir al fraile dominico, ni a parroquia que gestiona, en su preocupación pastoral al barrio. Su mirada de predicador itinerante es amplia, pero entiende que el compromiso con la parroquia no impide, sino que le lanza a ver ésta como misionera. Toda parroquia lo debe ser. Cuando está regida por frailes de una Orden presente en todo el mundo, ha de sentirse de una manera especial llamada a sentir la misión más allá del ámbito parroquial.

Mas aún propio del fraile predicador, del dominico, es ser sensible a los alejados. La parroquia para él no puden ser sólo los que vienen a la iglesia, sino también los que no vienen, y sí conviven en el ámbito parroquial. Ha de pensar en ellos. El diálogo es el mejor modo de predicación. Estar abiertos a sus críticas, el atender a sus inquietudes no solucionadas es propio de un buen pastor. Sobre todo cuando éste es miembro de una Orden que ha entrado y entra en diálogo con los alejados de la fe en muchas instancias del mundo.

Ser parroquia encargada a dominicos ha de exigir profundizar en el sentido de comunidad, buscar la calidad de la celebración litúrgica, atender de modo especial a la formación de la fe, tener atención a los necesitados, tener sentido misionero, y saber entrar en diálogo con los alejados.


Fr Juan José de León Lastra op

24 de junio de 2009